¿Aborto no? ¿Aborto sí? Pero, ¿qué pasa con los críos que nacen?

Actualmente, el Gobierno del Estado español y sus ciudadanos y ciudadanas se encuentran sumidos en un enconado debate acerca de la reforma de la ley del aborto. A pesar de todos los argumentos de partidarios y detractores, es difícil encontrar razones objetivas que no sean las de la moral. Hablan de “respeto a la vida” unos, o de “respeto a la decisión de la mujer” otros. Desafortunadamente, son pocos los razonamientos que hablan única y exclusivamente de la salud, del desarrollo posterior del niño o niña, o del desarrollo posterior de los padres, por citar algunos.

Sin embargo, fuera de nuestras fronteras, el Institute for Social Research (ISR) acaba de publicar en la revista Child Development un estudio de lo que sucede después de un nacimiento no planificado. Sus artífices han sido Jennifer Barber, socióloga de la Universidad de Michigan y Patricia East, socióloga de la Universidad de California, en San Diego. Ellas han utilizado una muestra de más de 3.000 progenitores y sus alrededor de 6.000 niños, que fueron analizados durante un período de ocho años en un país donde un tercio de los bebés nacidos proceden de embarazos no deseados.

Primero las investigadoras preguntaron a las mujeres si deseaban tener a su hijo o hija en el momento de quedarse embarazadas. En esa parte encontraron que un 24% de los embarazos eran inoportunos y un 10% no deseados.

Después, a medida que los bebés fueron creciendo, se analizaron con lupa los recursos materiales, las oportunidades que les otorgaban para aprender en sus casas, el calor y las respuestas paternales (cuántos libros infantiles había en casa, cuántas veces los padres leían a los niños, cuándo les enseñaban nuevas habilidades, a contar, el alfabeto, el tiempo que el padre pasaba con el niño, cuánto fomentaban su independencia, cuántas conversaciones directas mantenían, incluso los azotes y las bofetadas).

Las sociólogas descubrieron una relación importante entre la intención del nacimiento del bebé y las interacciones nombradas anteriormente. Los niños cuyos nacimientos no eran deseados tenían menos recursos familiares y menos calor maternal. Y, dato curioso: en el caso de tener hermanos o hermanas mayores, también disminuían los recursos ofrecidos a éstos tras el nuevo nacimiento no deseado, que tras el nacimiento de un hermano buscado. Según Barber y East: “Es plausible que la tendencia de los padres de tratar a los niños no deseados en general más bruscamente que a los deseados contribuyó a resultados negativos como índices altos y desproporcionados de fracasos escolares, problemas de conducta y una baja autoestima“.

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